martes, 3 de enero de 2012

0085. Testimonio: Parte I. Daniel Briamonte - Argentina

  "di un recital en diciembre de 2010 en el Centro de Implantes Cocleares "Profesor Diamante", en el que interpreté el "Para Elisa" y la sonata "Claro de Luna", ambas de Beethoven, recibiendo por ello el reconocimiento del público y del mismo Profesor y colaboradores; fue un momento tan emotivo que quedará indeleble en mi memoria por el resto de mis días".  Daniel Briamonte

Parte I
IMPLANTE COCLEAR EN OÍDO IZQUIERDO
Por: Daniel Briamonte

Hola amigos, mi nombre es Daniel Briamonte, tengo 47 años y voy a explicar aquí la evolución de mi hipoacusia que finalizó con la exitosa intervención del Dr. Vicente Diamante, quien me devolvió la audición de mi oído izquierdo mediante un Implante Coclear el 2 de diciembre de 2008.

Mi problema empezó con una parotiditis a los tres años de edad, que me dejó como secuela una hipoacusia sensorioneural bilateral con pérdida total de la audición en los sonidos agudos que, con el paso de los años, se fue agravando y extendiendo hasta el resto del espectro auditivo residual. A los diez años de edad me indicaron un audífono, que usé en forma esporádica dado que mi hipoacusia era por entonces leve, salvo a partir de los 2000 hz., donde la pérdida era total y el audífono no podía ayudarme a captar esos sonidos tan importantes para la percepción de las consonantes fricativas, entre otras. Con el audífono sólo escuchaba más fuerte pero de ninguna manera más claramente.

Hacia los 16 años mi hipoacusia pasó a ser moderada (sin contar la pérdida total de los agudos, que se había extendido hasta los 1500 hz. en adelante), por lo que me indicaron audífonos en ambos oídos. Los beneficios duraron poco tiempo porque mi pérdida auditiva fue aumentando rápidamente hasta que a los 19 años perdí en forma abrupta y total la audición de mi oído izquierdo, posiblemente a causa de un tratamiento antialérgico que había iniciado un mes atrás. Esa pérdida total del oído izquierdo motivó muchas consultas con especialistas, que desembocaron en una visita al Profesor Dr. Vicente Diamante.

En ese tiempo (año 1984) los implantes cocleares eran una solución prácticamente “experimental”, costosa (ninguna obra social la cubría) y a la que se accedía viajando al exterior – en general los Estados Unidos de América- para realizar la correspondiente cirugía, y sin que ello garantizara la recuperación auditiva. Entonces fue que se decidió aplazar la visita a los EE. UU., a la espera de que los implantes mejoraran o, mejor aún, de que se lograra la regeneración de las células ciliadas del órgano de Corti. Y esta última cuestión fue la principal “culpable” de que yo haya esperado tanto tiempo para implantarme. Siempre tuve mis temores acerca de los implantes, temores lógicos dado mi poco acceso a la información (no existía Internet aún) y a que la información que recibía era sumamente fragmentada o poco fiable. Y esa escasa y poco confiable información no hacía otra cosa que provocar más confusión: creía que implantarme iba a significar extraer la cóclea para reemplazarla por un chip electrónico o algo semejante. Y allí estaba mi temor: aunque el implante hubiera resultado un éxito, ya no habría forma de beneficiarme más adelante con la mencionada regeneración de las células ciliadas, porque la cóclea ya había sido supuestamente eliminada. En definitiva, no estaba dispuesto a llevar un equipo externo con cables y el voluminoso procesador en algún bolsillo a cambio de escuchar tal vez mejor pero sin posibilidad alguna de regenerar mis células ciliadas en el futuro.

Mi hipoacusia del oído derecho continuó evolucionando, con sus fluctuaciones pero siempre con tendencia a empeorar. Ya a los 20 años de edad era entre severa y profunda. Eso significaba que con el audífono sólo pasaba a ser entre moderada y severa. Las dificultades para insertarme en todos los ámbitos eran evidentes. Tuve que abandonar el colegio secundario porque ya no entendía prácticamente nada a los profesores (nunca fui a un colegio especial) y me recluí en mí mismo, actitud típica pero que en mi caso en particular sirvió para enriquecerme.

Como dije líneas más arriba, la cuestión de la regeneración de las células ciliadas fue la “culpable”, entre comillas, de que ahora esté recibiendo los beneficios de un implante coclear razonablemente evolucionado. De haberme implantado a comienzos de los años 90, como hubiese correspondido, hubiera recibido un equipo más primitivo en comparación con los de la actualidad y sin la posibilidad de introducirle mejoras a medida que fueran surgiendo, como es el caso del Nucleus Freedom de la marca Cochlear que tengo implantado actualmente.

Más que de mí mismo, la decisión de implantarme vino de los consejos de familiares, amigos y allegados. Mi postura era invariablemente la misma: esperar un tiempo hasta que se lograra la regeneración de las células ciliadas. Hasta que, con la llegada de Internet, pude interiorizarme sobre el tema de los implantes, las distintas marcas y los profesionales que practicaban la cirugía en nuestro país. Siempre fue mi deseo ser implantado por el Profesor Dr. Vicente Diamante, puesto que a él había acudido 24 años atrás para tratar la pérdida de la audición de mi oído izquierdo.

Finalmente, luego de la primera consulta con el Profesor y de una aparente resistencia por parte de mi obra social a cubrir el implante y la cirugía, el Dr. Diamante me indicó implantar el oído izquierdo, por lo que una vez implantado iba a recibir estimulación binaural y bimodal y consiguiendo, de este modo, escuchar con dos oídos luego de 24 años de no poder hacerlo.

Mis expectativas, contrariamente a las de la mayoría de las personas, eran cautas y más que realistas. Sabía que no iba a conseguir una audición natural y que, en caso de que la cirugía resultara exitosa, iba a recibir información auditiva adicional que no podía obtener con el audífono de mi oído derecho. Los 24 años de hipoacusia total también pesaban porque sabía que cuanto más tiempo transcurriera sin recibir estimulación auditiva, más dificultosa iba a ser la recuperación.

Una vez encendido el implante, el 6 de enero de 2009, confirmé mis expectativas: escuchaba los sonidos que no podía captar con el audífono y viceversa (en aquellos primeros meses no recibía suficiente información suprasegmental o prosódica que el audífono sí me brindaba), por lo que el implante y el audífono se complementaban muy bien. Pero los beneficios de la estimulación bimodal me duraron un mes y medio: a mediados de febrero perdí completamente la audición de mi oído derecho y ni aun con el audífono más potente puedo obtener ninguna ayuda. Por tal motivo estoy en tratativas para ser implantado nuevamente y recibir los evidentes beneficios de la estimulación eléctrica binaural. Espero poder determinar la dirección de donde provengan los sonidos y, ante todo, lograr mayor discriminación en ambientes ruidosos gracias a la separación de las fuentes sonoras que pasarán a convertirse, en palabras del Profesor Diamante, en “objetos sonoros” fácilmente identificables espacialmente. Espero también, aprovechando la mayor capacidad discriminatoria, poder apreciar más la música en la que intervengan muchos instrumentos. Tocante a esto último -es decir, a la música- la estoy disfrutando a tal punto que he asistido a un concierto al aire libre que dio el famoso director de orquesta Daniel Barenboim en agosto de 2010. Durante los primeros meses posteriores al encendido del implante los sonidos, como estaba previsto, los escuchaba totalmente desafinados; pero con el paso del tiempo se fueron acomodando y, excepto los sonidos agudos, los demás los escucho ahora con la altura tonal casi correcta. Puedo, también, identificar unos cuantos instrumentos: el piano, el violín, el cello, la guitarra, los instrumentos de viento, etc. Es mi deseo que, una vez que escuche con ambos oídos y luego de una intensa práctica, pueda retomar mis estudios pianísticos que quedaron truncos cuando mi hipoacusia se agravó mucho. En rigor, comencé a estudiar piano a los 16 años, poco antes de que me indicaran audífonos en ambos oídos, con la esperanza de lograr más adelante la solución a mi problema e ir ganando tiempo estudiando y ejercitándome con la audición residual que tenía en ese entonces. De cualquier forma, e independientemente de mis deseos de seguir estudiando piano más adelante, di un recital en diciembre de 2010 en el Centro de Implantes Cocleares "Profesor Diamante", en el que interpreté el "Para Elisa" y la sonata "Claro de Luna", ambas de Beethoven, recibiendo por ello el reconocimiento del público y del mismo Profesor y colaboradores; fue un momento tan emotivo que quedará indeleble en mi memoria por el resto de mis días.

En conclusión, el implante coclear colmó con creces mis expectativas más optimistas y me cambió radicalmente la vida como seguramente lo ha hecho con los cientos de personas que fueron implantadas en todo el mundo.
Muchas gracias,     Daniel Briamonte


Te aconsejo en este Blog, ir arriba a pestaña "Contenido"
 allí buscar el post. 184 y puedas leer la Parte II

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"...con los cientos de personas que fueron implantadas en todo el mundo". Caramba, quise decir "con las DECENAS DE MILES" de personas!!! Me confundí porque al principio había puesto "Con los cientos de personas implantadas por el Profesor Diamante" pero luego me acordé de que mis palabras iban dirigidas a una comunidad internacional y corregí eso aunque me olvidé de corregir también la cifra. Mil perdones!!!
Y muchas gracias, Marlene, por publicar mi testimonio y mi video! Prometo hacer lo posible para dar otro recital y, de ser posible, con un piano de mejor calidad!
Daniel Briamonte

felicidad dijo...

Daniel, todos estos maravillosos "Ejemplos de superación" los publico en mi blog, para motivar, animar e incentivar a todas aquellas personas que tienen alguna limitación en su vida y vean que con "Creer en sí mismo, perseverancia y un gran espíritu de lucha se puede lograr todo lo que nos propongamos" Gracias, gracias por todo.

Publicar un comentario