viernes, 27 de abril de 2012

0184. Testimonio: Parte II. Daniel Briamonte - Argentina


Implantado hace casi tres años, ya brindó un recital y fue ovacionado por el público.
Nos cuenta su historia en primera persona.

Parte II
Daniel Briamonte
! Un aplauso para el maestro!

Mi problema fue –y sigue siendo- una hipoacusia sensorioneural progresiva bilateral que se convirtió en profunda y luego en total, o sea en una cofosis. Esto comenzó a los 3 años de edad, probablemente a causa de una parotiditis que padecí en ese tiempo.


No puedo decir que haya sufrido porque era muy pequeño cuando perdí la audición y además no la perdí totalmente, sino en forma parcial. Sólo no podía escuchar los sonidos agudos. Pero en mi adolescencia, el problema se agravó mucho y entonces sí, sufrí bastante, sobre todo cuando perdí la audición de mi oído izquierdo en forma total y brusca.

Las primeras noticias que tuve de que existían los implantes cocleares me llegaban por la televisión y los diarios, y años más tarde por Internet me fui interiorizando de los avances.

Tengo que agradecerle a Internet que me haya permitido aprender sobre la mecánica de la audición y del funcionamiento historia de los implantes cocleares. 

Siempre tuve una obsesión por saber hasta el más mínimo detalle el funcionamiento de un oído normal, que me permitiera echar algo de luz sobre el misterio de mi hipoacusia y, sobre todo, del hecho de que a veces la música la escuchaba desafinada. 

Quería saber exactamente por qué, y así fue como me fui informando leyendo páginas sobre otorrinolaringología e implantes, hasta lograr desentrañar el misterio de mi hipoacusia y sus vicisitudes.

Al principio me costó decidirme. Para cuando me informé sobre los avances de los últimos años ocurrió que también me enteré de las dificultades que tenían los implantados para apreciar la música, lo que contribuyó en parte a que decidiera posponer la decisión de implantarme porque prefería seguir escuchando música antes que entender lo que me decían. 

Luego me enteré de que se podía escuchar simultáneamente con un implante y con el oído no implantado, y entonces me dije: "Bueno, utilizaré mi oído no implantado para seguir escuchando música, y el otro para entender a las personas y escuchar los timbres de los teléfonos y el canto de los pájaros". 

Estaba convencido de que era inconcebible escuchar simultáneamente con un oído implantado y otro no implantado porque creía que el tipo de estímulos de ambos eran totalmente incompatibles, pero ahora veo que no es así y que el cerebro unifica todo dándoles a cada uno su correcto significado. 

Entonces, en el año 2005 empecé con mis consultas a los médicos y mis trámites ante mi obra social para poder tener mi ansiado implante coclear.

Afortunadamente pude lograr que el cirujano que me indicara el implante fuera el Profesor Vicente Diamante, quien me había atendido por primera vez en el año 1985, cuando acababa de perder abruptamente la audición del oído izquierdo.

La cirugía fue el 2 de diciembre de 2008 y los momentos previos los pasé muy tranquilo y con la certeza de que estaba viviendo la primera parte de una bisagra existencial (la segunda parte fue al mes siguiente, cuando me encendieron el procesador del implante). Así fue que al instante me dormí y ya no recordé más nada, hasta que me desperté, con la cabeza vendada y muy contento. Recuerdo también que al rato entró el Profesor Diamante para preguntarme cómo me encontraba y para decirle a mi padre y su esposa que, además de resultar un éxito la cirugía, la telemetría de respuesta neural mostró el buen funcionamiento de mis nervios auditivos. 

El simple hecho de enterarme de que no tenía que esperar un mes para sacarme la duda de si iba a poder escuchar o no me puso más contento todavía. 

Hay que tener en cuenta que habían transcurrido 24 largos años desde que había perdido la audición en el oído recién implantado y no se sabía qué iba a ocurrir con mis nervios auditivos luego de tantos lustros de inactividad, de allí mi tremenda alegría al enterarme de que los mismos seguían funcionando.

Obviamente que también recuerdo cada momento del encendido. Fue el 6 de enero de 2009 y tenía una expectativa muy grande porque no veía la hora de escuchar los tan deseados y misteriosos -para mí- “sonidos agudos”, los de los pajaritos, las consonantes fricativas como la S, SH, F, los timbres de los teléfonos y alarmas, etc., que no escuchaba desde los tres años de edad o antes, por lo que no me los acordaba en absoluto. 

Cuando Karina Fanelli, la fonoaudióloga del Centro de Implantes Cocleares “Profesor Diamante” me mandó los primeros sonidos, no lo podía creer. Parecían zumbidos como los que a menudo me venían en el otro oído, pero… ¡eran sonidos-sonidos!

La rehabilitación fue y sigue siendo un poco trabajosa porque todavía necesito de la lectura labial para poder entender mejor y como es sabido en la rehabilitación se trabaja sin mirar a la fonoaudióloga, al menos en mi caso. 

El primer día sólo podía diferenciar sonidos cortos o largos y al segundo día identificaba tres frases que me hacían leer previamente.

Con el paso de las semanas y las sucesivas calibraciones fui mejorando hasta que ya puedo repetir los textos que me leen con bastante seguridad, y sin haberlos leído previamente.

Estoy muy conforme con todo lo que estoy viviendo.

Recuerdo que días antes de perder la audición de mi oído derecho -que ocurrió llamativamente al mes y medio del encendido del implante- ya escuchaba mejor con el oído implantado que con el que usaba audífono. Además, llevar el procesador de habla en la oreja es más cómodo que llevar audífonos, que implican obstruir el conducto auditivo con el molde característico.

A todo aquel que todavía no se decide, le diría en forma tajante que no lo dude ni un segundo y que se someta a la operación, que difícilmente se va a arrepentir. En fin, lo mismo que le diría el cirujano, pero yo insistiría sobre la cuestión de las expectativas: que haga de cuenta desde el principio que no va a escuchar casi nada, para evitar desilusiones al comienzo.

Soy tornero y trabajo en un taller metalúrgico pero me gusta muchísimo la música desde chiquito. Tal vez se deba a que mi tía tenía un piano y desde que tengo memoria la escuchaba tocar cada vez que la iba a visitar. 

Eso, además del hecho de que mis padres fueron amantes de la buena música –y a veces hasta cantaban óperas- influyeron en mi gusto y apreciación musical a pesar de mi pérdida parcial de la audición. 

Un dato curioso: recuerdo cuando tendría unos cuatro años que le pregunté a mi tía para qué servían las teclas del extremo derecho del piano, “que no suenan nada”. Era evidente que mi pérdida de audición en los sonidos agudos ya afectaba una porción de las notas agudas del piano. No recuerdo su respuesta, y es probable que esa simple pregunta mía la haya incomodado o tal vez le haya revelado la extraña naturaleza de mi pérdida auditiva.

Pasión por la música

De cualquier manera recién a los 16 años empecé a interesarme seriamente en la música clásica, concretamente la música para piano, a pesar de que mi pérdida auditiva se había agravado bastante. Pero en mi familia siempre estaban confiados en que más tarde o más temprano mi problema lo iba a poder solucionar, porque ya iban llegando desde el exterior las noticias del increíble “oído biónico” que les implantaban a muchos hipoacúsicos con pérdida total de la audición. 

Así que decidí estudiar piano a pesar de mi hipoacusia -que en ese entonces ya era entre moderada y severa-.

Con los años mi hipoacusia siguió empeorando, me indicaron audífonos en ambos oídos pero aun así mis dificultades para entender el habla se hacían cada vez más notorias hasta que abandoné mis estudios de piano (iba a una profesora particular) cuando perdí en forma brusca y total la audición de mi oído izquierdo. 

A partir de ese momento –tenía 19 años- sólo tocaba el piano cuando mi audición era también buena para la música, porque una cóclea enferma no siempre manda las señales con la tonalidad correcta. Tenía períodos en los cuales escuchaba todo totalmente desafinado o distorsionado y escuchar música en esas condiciones me producía rechazo y obviamente una angustia muy grande. Esas recaídas duraban una semana o dos y se normalizaban lentamente.

Actualmente la música la escucho casi en su tonalidad correcta y, lo que es mejor, sin variaciones tonales como antes, porque ya no es mi cóclea la encargada de la transducción entre el sonido y la señal eléctrica, sino el implante. También sé que a medida que pasen los años voy a seguir mejorando, y más todavía cuando tenga el segundo implante, que me permitirá discriminar y diferenciar mejor los distintos sonidos. Es más, hace un tiempo ofrecí un concierto en el Centro de Implantes Cocleares y fue muy emocionante escuchar los aplausos al final, incluidos los del Dr. Diamante.

En lo inmediato me veo con un implante en el otro oído, tal vez más evolucionado que el actual, y disfrutando de los beneficios de la audición binaural. Me imagino que dentro de unos años va a haber mejoras en el software que me permitirán escuchar mejor aún, y más adelante supongo que me van a implantar un dispositivo totalmente dentro del cráneo, por lo que mi vida va a dar otro vuelco importante: voy a poder nadar y ducharme escuchando los sonidos del agua y despertarme con el despertador que usan los normoyentes.

Y mucho más adelante, no sé cuántas décadas, me imagino a los neurocirujanos quitar los viejos y venerables electrodos de una de mis cócleas para injertar una suerte de membrana basilar hecha a partir de células madre o algo así, con sus células ciliadas y su correspondiente inervación, listas para ser conectadas al circuito neuronal mediante nano robots y convirtiéndome así, por primera vez, en un ex hipoacúsico con audición “anormalmente normal” para mi edad. 

Como dijo alguien en un blog que leí: mientras la audición de la gente normal va decayendo con los años, la de un implantado sólo puede ir mejorando inexorablemente a medida que pasa el tiempo. ¡Aleluya!

Artículo publicado en:
Revista "Oír ahora.Y siempre"
http://www.oirahoraysiempre.com/revistas/Revista_nro5.pdf
Año 2 - Revista No. 5

Argentina, Mayo 2011
Página 6.

Si deseas leer la Parte I ...en este Blog, vas arriba a la pestaña "Contenido"  y buscas el artículo No. 0085 - Esta es la Parte II.

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