miércoles, 6 de junio de 2012

0215. Parte II. 100 años con audífonos: Más ligeros, más pequeños y mejores

Antique hearing aid

100 años con audífonos:
Más ligeros, más pequeños y mejores 

Los primeros audífonos eran grandes cajas pesadas que ocupaban tanto como un maletín.

Nada parecido a los pequeños audífonos digitales actuales que pueden ocultarse en el interior del oído y que ofrecen una reproducción casi perfecta del sonido.

Al principio, los audífonos eran pesados y definitivamente nada adecuados para llevarlos encima.

Los primeros audífonos consistían normalmente en un micrófono independiente, un amplificador, auriculares y una voluminosa batería. Debido que el dispositivo funcionaba mejor cuando se colocaba en la mesa y se utilizaba con un par de auriculares, era bastante engorroso de usar. 

Aunque la batería era grande, tan sólo duraba un par de horas, tras las cuales se agotaba. 

Además de todo esto, los primeros audífonos eran caros y sólo algunas personas podían adquirirlos.

Primer audífono portátil

Man with antique hearing aids

En 1902, tres años después de que estuvieran disponibles los primeros audífonos, éstos se hicieron más ligeros. Las personas con deficiencias de audición podían ahorrar energías y adquirir un dispositivo portátil más ligero que podía llevarse puesto y que funcionaba mejor que los primeros modelos. 

Aunque el diseño era de menor tamaño, el amplificador y las baterías debían colgarse alrededor del cuello y el micrófono debía colocarse en la mano para oír adecuadamente.

Las personas que utilizaban audífonos debían llamar bastante la atención. Además, el tamaño del micrófono variaba de acuerdo con la gravedad de la pérdida de audición, de forma que una persona con una pérdida de audición profunda estaba obligada a llevar un gran micrófono con el audífono. Los modelos grandes de mesa los seguían usando muchas personas algunos años después de que se introdujeran los primeros audífonos portátiles.

La revolución del transistor

Antique hearing aids

Los audífonos portátiles y poco manejables se usaron, tras varias mejoras, hasta bien avanzada la década de los 50. Sin embargo, la invención del transistor en 1947 revolucionó la tecnología de los audífonos. Hasta entonces, se habían utilizado válvulas en los audífonos, y el transistor hizo posible fabricar audífonos mejores y más pequeños. 

La capacidad de amplificación del transistor era superior a la de las válvulas, y como consecuencia las pilas permitían que los nuevos audífonos se utilizaran durante más tiempo. 

Las primeras personas con deficiencias de audición que pasaron a utilizar los nuevos audífonos con transistores tenían que llevarlos encima, pero poco después se hicieron tan pequeños que podían colocarse directamente detrás o encima del oído. 

Estos pequeños dispositivos hacían que las personas con dificultades de audición no atrajeran tanto la atención. 

Desde los años 60 en adelante, se desarrollaron los pequeños audífonos situados en el interior del canal. Sin embargo, no eran tan fiables como los audífonos más grande y visibles que se situaban detrás del oído, los cuales tuvieron varios procesos de mejora y fue posible hacerlos mucho más discretos.

Tecnología digital


Lo que era común a todos los audífonos era la tecnología analógica que se utilizaba para procesar el sonido. El desarrollo del procesamiento digital del sonido condujo a mejoras espectaculares en la efectividad de los audífonos. 

Los audífonos digitales se componen de un pequeño ordenador programable y son capaces de amplificar millones de diferente señales sonoras con mucha precisión, mejorando la capacidad de audición de las personas con deficiencias auditivas. 

Durante mediados de los 80 aparecieron los primeros audífonos digitales, pero aquellos primeros modelos eran poco prácticos. Tuvieron que pasar cerca de 10 años para que estos pequeños dispositivos digitales, que se podían situar bien en el interior o detrás del propio oído, fueran realmente un éxito. 

En muchos casos, los nuevos audífonos digitales mejoran la capacidad de audición de las personas con discapacidad auditiva hasta tal punto que incluso personas con pérdidas profundas pueden desarrollar una vida casi normal. Hoy en día, los audífonos digitales suponen definitivamente una diferencia en relación con la calidad de vida de las personas con deficiencias de audición.

Los audífonos estimulan 
la actividad cerebral 



Un audífono sirve para algo más que para poder oír. Sirve también para que el cerebro recuerde los sonidos que no se pueden oír sin el audífono.

La mayoría de las veces, la pérdida de audición aparece sin avisar. De repente un día, uno se da cuenta de que ya no escucha el ronroneo del frigorífico ni el cantar de los pájaros. 

Suele pasar una media de 10 años para que la persona con pérdida de audición haga finalmente algo al respecto. Muchas personas simplemente esperan que el problema auditivo desparezca. Esto raramente ocurre. 

La pérdida de audición sin tratar afecta a la calidad de vida, pero también afecta a la capacidad del cerebro de recordar los sonidos cotidianos, ya que los canales auditivos ya no funcionan con eficacia. 

Cuando los nervios auditivos pierden su función y ya no conducen las señales sonoras al cerebro, el cerebro “olvida” con el tiempo los sonidos y parece incapaz de comprenderlos. 

Memoria debilitada 

Una vez que comienza la pérdida de audición, el centro auditivo del cerebro almacena los sonidos y los ruidos durante unos tres años. Sin embargo, a los siete años la memoria se hace cada vez más débil. 

Por tanto, es importante realizarse una prueba auditiva y ajustarse los audífonos cuando se nota que se está perdiendo audición. Una vez que se coloca el audífono, se reanuda el proceso auditivo proporcionando las señales al cerebro. 

Aprender a oír de nuevo 

Si el ajuste de los audífonos se retrasa demasiado, puede que ni siquiera el audífono sea capaz de transformar las señales sonoras que se reciben en información comprensible para el cerebro. Esto significa que el cerebro ya no reconoce los sonidos y ruidos cotidianos, como por ejemplo, el ronroneo de la nevera o del ordenador. El cerebro debe aprender a oír todo de nuevo.

Si tiene alguna duda respecto a su capacidad auditiva, debería acudir al médico y realizarse una prueba de audición. 
Fuente: Foum Besser Hören, 2002

Ver artículo  http://www.spanish.hear-it.org/
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