lunes, 1 de octubre de 2012

0268. Ponchito y la terapia auditivo verbal - Contenido IX - Un hijo con implante - Ponchito - Chile

En la foto aparece Ponchito con su primera terapeuta: Carlo Letko


Un hijo con implante 


Por: Guadalupe Ureta 

Contenido IX 
Reflexiones y anécdotas I 
Ponchito y la terapia auditivo verbal 

Desde que Ponchito empezó a utilizar audífonos, a los 4 meses, comenzamos su terapia auditivo verbal para estimular el desarrollo de sus habilidades auditivas. Si bien antes nos habíamos preocupado de mantener el nervio auditivo estimulado, no habíamos tenido terapia formal con una persona que nos guiara en el proceso auditivo de Ponchito. Como ya lo he dicho antes, esa persona es una ayuda y una guía para sacar lo mejor de nuestros hijos, sin embargo, los primeros terapeutas somos los padres. Fue así como cada sesión se fue convirtiendo en un aprendizaje mutuo, en el que tanto nosotros como Ponchito íbamos descubriendo la mejor forma para desarrollar sus habilidades comunicacionales. 

Por ser tan chiquitito, la terapia se realizaba en la casa. De esta forma Ponchito no salía de su ambiente “familiar” y podíamos trabajar con los elementos de su rutina diaria. Una vez a la semana acudía la terapeuta, quien fue no sólo un apoyo en el tema práctico, sino también se convirtió en un gran apoyo emocional. Con ella comenzamos a descubrir lo que significaba ser sordo y a través de su experiencia con otros niños, nos fue ayudando a perder el miedo a tratar con la sordera. Además yo comencé a asistir a clases de lenguaje de señas y de esta forma tener un apoyo en la adquisición del lenguaje. 

Si bien muchas veces sentíamos que se nos venía el mundo encima y nos agobiaba pensar en toda la tarea que teníamos por delante con Ponchito, lentamente comenzamos a descubrir en la terapia auditivo verbal un “estilo de vida”. El integrar la terapia en cada actividad que realizábamos con Ponchito y el estar atentos a todos los sonidos del ambiente para poder ayudarlo a discriminar, se convirtió en nuestro modo de relacionarnos con nuestro hijo. Al principio más de una vez preguntamos cuánto tiempo tendríamos que asistir a la terapia o hasta qué edad comúnmente los niños ya son “dados de alta”, sin embargo, a medida que pasaban los años nos dábamos cuenta que lejos de convertirse en una tarea pesada, la terapia pasó a ser la forma como nos comunicábamos con él y con el resto de nuestra familia. 

Una vez implantado, las sesiones con la terapeuta se hicieron más intensivas. El primer año, dos días a la semana tenía terapia de 40 minutos y un día asistía a musicoterapia. Durante la sesión realizábamos ejercicios auditivos, dependiendo de la etapa del proceso de adquisición del lenguaje en el que estuviera (detección, discriminación, identificación, reconocimiento o comprensión) y se nos daban las pautas para continuar trabajando con él en la casa. Cuando Ponchito ya era capaz de hablar fluidamente, las terapias bajaron a un día a la semana, hasta que fue implantado por segunda vez en su oreja izquierda. El tener que estimular el nuevo implante, hizo que aumentaran a dos días las sesiones, además de intensificar el trabajo en la casa. 

Hoy día Ponchito lleva 4 meses implantado en su oreja izquierda y lentamente ha ido aumentando su nivel de audición por ese lado. El tener que "trabajar" su lado izquierdo a veces le cuesta y hemos tenido que convencerlo de que lo mejor para él será poder escuchar bien por sus dos implantes. Cada día está más convencido que tener dos implantes es un beneficio, e incluso hace pocos días me comento: "mamá, si me quedo sin batería por el negro, voy a poder escuchar por el celeste!" 


Continúa... 
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