jueves, 11 de octubre de 2012

0276. Mi vida antes del implante - Contenido I - Memorias de una implantada coclear - Raquel Martín (Ráa) - España

Memorias de una IC



Memorias de una implantada coclear

por: Raquel Martín (Ráa)

Bienvenidos a Memorias de una Implantada Coclear. Soy una chica de 24 años. Alegre, con carácter, segura de sí misma aunque a veces un poco indecisa pero suelo tener las ideas claras. Con ganas de vivir y mejorar mi calidad de vida. Implantada en julio de 2012 y conectada en septiembre del mismo año.

Si has llegado hasta aquí, cualquiera que sea el motivo, me estás leyendo y sueles seguirme sólo decir !gracias!.

Ésto son memorias biográficas desde el día que me implanté en adelante, donde cuento mis progresos como terapia de choque, para que en un futuro pueda ver cuánto me ha ayudado esta decisión de cambiar. No pretendo ser un modelo a seguir, tan sólo quiero compartir con los que me leéis mi experiencia, progresos, los días buenos y no tan buenos, la felicidad que puedo llegar a sentir en muchos momentos, porque como se suele decir “Una alegría compartida es doble alegría y, una pena compartida es media pena.” Con ellas, pretendo ayudarme a mí misma y si puedo ayudar a los demás, mucho mejor.

Contenido I
Mi vida antes del implante
Por: Raquel Martín (Ráa)
España, septiembre 15 de 2012

Para empezar, sólo decir que hago este blog de manera biográfica a partir de este momento. Quiero tomar y apuntar de manera personal mis cambios después de ser implantada para que a largo plazo, pueda ver cómo era antes mi vida sin el implante, cómo es durante y tras pasar unos meses y finalmente como objetivo analizar mi experiencia.

Ahora bien, comento mi situación: muy a mi pesar, padezco de hipoacusia bilateral neurosensorial severa – profunda hereditaria por parte de mi abuelo paterno y mi padre desde el nacimiento, tratada a partir de los 3 años que es cuando se pueden hacer las pruebas y diagnosticarla bien.

Toda mi vida he escuchado a través de audífonos. No ha sido un camino fácil ni sencillo, pues en el colegio los niños son muy crueles. Iba a un colegio privado, porque las monjas creían que era mi mejor opción ante el problema que tenía de cara al resto de los demás niños, pero tal fue mi sorpresa que cuando termine el graduado escolar y tuve que ir a la educación pública, conocí otro tipo de gente. Esa gente veía los problemas como normales, nunca se rieron de mí o no al menos con la crueldad y el descaro de muchos compañeros que tuve durante 12 años seguidos en el colegio. Si lo sé, hubiera convencido a mis padres antes para irme al colegio público. Aunque una vez lo intentaron, pero las monjas no firmaron la concesión de mi matrícula al colegio público, por lo mismo que comenté antes. A pesar de tanto sufrimiento que me hicieron pasar, de muchas reuniones que tuvieron mis padres con los profesores por culpa de la crueldad de mis compañeros. Por suerte, de ahí saqué a mi mejor amiga, la que me ha defendido a capa y espada siempre.

La cosa empezó a empeorar cuando salí del colegio. Ya en el Instituto empecé a notar que me costaba algo más seguir las clases y, aunque tenía apoyos y ponía todo mi esfuerzo, yo lo asociaba al cambio de entorno después de 12 años. Pero no, la cosa siguió empeorando. Cuando llegué a la Universidad en el año 2007 perdí la audición del oído derecho de repente, sin previo aviso. Desgraciadamente del que mejor oía y podía tener conversaciones telefónicas sin grandes problemas. Lo primero y lógico, pensé que se me había roto el audífono, y como estaba en Tenerife estudiando me venía mejor, porque en La Palma (donde vivo) hay pocos centros auditivos y tardan mucho en paliar las complicaciones y no trabajan todos los días. Entonces me cogí el tranvía y tiré para allá lo más rápido que pude. Llego y le expliqué a la audioprotesista mi problema. Ella verificó el audífono y con todo su tacto del mundo me dijo: “No mi niña, el audífono funciona perfectamente. Tú te vas a quedar sorda, así que vete a tu otorrino”. Mi cara en ese momento fue de un balde de agua fría con una mezcla de rabia. ¿Pero quién se creía esa mujer para decirme eso así de repente? Sin el menor tacto. Ella, que se hace llamar audioprotesista. Salí de allí llorando, me puse las gafas de sol y llorando hasta llegar al piso. Allí llamé a mi madre para contarle lo sucedido y ella muy preocupada sacó el pasaje para volver e ir al otorrino. Lo llamó y me atendió sin cita. Total, para nada, porque no me hizo ni caso. Sólo me consoló diciéndome que no dejase de ponerme el audífono (pero si no oigo por él, no sé para qué me lo iba a poner), porque tenía que estimular el oído, bla, bla, bla. En conclusión que me fui igual que como mismo llegué allí.

¿Qué cómo llegué a la opción del Implante Coclear entonces?

Casualmente me tenía que operar de amigdalitis y por golpe del destino no me operó mi otorrino habitual, sino una nueva y gracias a ella y a mi decisión de seguir mis revisiones en su consulta a ver si me hacía algo más de caso, llegué a la prueba de los potenciales y al escáner, se vio algo.

Lo consultó con mi habitual otorrino (el jefe de Departamento) y con el otro nuevo. Y ahí vino la etapa de “conejillo de indias”. Se supone que tenía “componente transmisivo”. Nunca llegué a saber qué era eso porque nunca me explicaron bien. Sólo se reunieron conmigo en una de las consultas para decirme que se podía operar que no había que entrar al oído interno, sólo al medio y que si el hueso se movía me pondrían una prótesis y volvería a oír, pero que si el hueso no se movía, me quedaría así. Decían que no tenía nada que perder. Mi cara era de asombro y dije rotundamente un NO. En esos momentos tenía 20 años y me estaban diciendo que si un hueso se movía, sí oiría y si no, así me quedaba. Me decían que era joven y yo respondía: “Por eso mismo, si soy joven para llevarme una ilusión también lo soy para llevarme una decepción, y si no sale, ¿Cómo me quedo yo?”... Siguieron experimentando con mi historial, y me mandaron a repetirme los potenciales, para que dijeran lo mismo. Menos mal que dije que NO y que me repitieron los potenciales y ahí decidieron mandar mi historial a Las Palmas de Gran Canaria, a la Unidad específica de Hipoacusia, aunque tardaron lo suyo en mandarlo.

Tras unos meses de espera, en Noviembre del año pasado recibí la llamada del Hospital Insular, para concertar cita para el 1 de Diciembre con la Unidad de Hipoacusia. El otorrino que me atendió me hizo mil preguntas y luego analizó todo mi historial que tenía que llevar fotocopiado. Dijo que me iban a repetir las pruebas allí para confirmar los resultados, pero que con los que estaba viendo, la mejor solución era un Implante Coclear. Mi cara fue de susto. Nunca jamás pensé acabar llevando ese “trasto” como lo llamaba yo. Me negaba a llevar eso, y que se me viese, a sentirme un robot controlado. Me tranquilizó diciéndome que ya me lo explicaría bien el otorrino que lleva esos casos. Que primero las pruebas y comprobar los resultados.

A mediados de diciembre me hicieron 3 pruebas: unos potenciales raros (nunca me habían hecho esta prueba), la típica audiometría de toda la vida con la que acabas loco de la cabeza. Y luego, otra prueba que tampoco había hecho nunca con un micrófono y un aparatito que decía palabras que había que escuchar y repetir. Primero la hicimos sin audífono, esto fue como vivir en el aire, oía o más bien sentía el típico retumbo de los altavoces pero ni oía y mucho menos entendía. Luego, me puse el audífono y aquí, oía hablar pero no entendía. Esta prueba fue nula y una pérdida de tiempo. Volví a la consulta con los resultados en un sobre. Aquí me recibió el Dr. Ramos Macías y todo su equipo y la conclusión: Candidata ideal a un IC por el tema de haber escuchado con anterioridad, de tener memoria auditiva y que mi evolución iba a ser un éxito. Mi cabeza sólo ladeaba de izquierda a derecha. Intentaban convencerme con argumentos a los que yo no cedía (así de ignorante soy cuando quiero), pero aun así, firmé el papel del pre-operatorio, para dejarlo ya pendiente por si cambiaba de opinión. Ya cuando me disponía a irme del Hospital, el Dr. Juan Carlos, que es el que regula los IC empezó a decirme muchas cosas que empezaron a hacerme ver las cosas de otra manera, incluso empezó a enseñarme vídeos de otros implantados, a contarme sus casos y evoluciones. Empecé a ver luz pero seguía sin verlo claro. Me metí en internet en busca de información y llegué a un blog donde había muchos casos de gente implantada donde vi mil casos de implantados cada uno muy diferente y veía a la gente contenta con su implante y dije, ¿Y por qué no?; así que el 10 de Enero llamé y cedí.

Tras meses de incertidumbre y nervios, el 10 de Julio llegó la esperada llamada, ingresaría el domingo 15 y sería intervenida quirúrgicamente el martes 17.

Tras pasar "lo peor" (lo peor, para la gente que lo ve de fuera), pues para mí lo peor estaba por llegar, los resultados. Éstos se verían el 10 de septiembre y yo impaciente esperaba por ellos.


Continúa...
Si deseas leer Contenido II en la parte superior de mi "Blog Implantada Coclear feliz", ves seis pestañas, busca la que dice "Contenido", haces clic allí y busca la publicación No. 279.

2 comentarios:

Paloma dijo...

Gracias mi querida Marlene por traernos las memorias de Raá.
Mucho ánimo, paciencia y esperanza, Raá!!
=)

"felicidad" dijo...

Mi Paloma, tu siempre acompañándonos a todos.
Dios te bendiga!!!

Publicar un comentario