lunes, 20 de mayo de 2013

0419. Atención específica para los alumnos con deficiencias auditivas - Artículo muy útil para maestros y padres de niños hipoacúsicos en edad escolar


¿Quiénes son los alumnos y alumnas con 
déficit auditivo?

En la actualidad se entiende por discapacidad auditiva lo que tradicionalmente se ha considerado como sordera, término usado generalmente para describir todos los tipos y grados de pérdida auditiva y, frecuentemente utilizado como sinónimo de deficiencia auditiva e hipoacusia; de manera que el uso del término sordera puede hacer referencia tanto a una pérdida auditiva leve como profunda. 

Desde una perspectiva educativa los alumnos y alumnas con discapacidad auditiva se suelen clasificar en dos grandes grupos: hipoacúsicos y sordos profundos. Los hipoacúsicos son alumnos con audición deficiente que, no obstante, resulta funcional para la vida diaria, aunque necesitan el uso de prótesis. Este alumnado puede adquirir el lenguaje oral por vía auditiva. Son sordos profundos los alumnos y alumnas cuya audición no es funcional para la vida diaria y no les posibilita la adquisición del lenguaje oral por vía auditiva. Un niño o niña es considerado sordo profundo si su pérdida auditiva es tan grande que, incluso con una buena amplificación, no es posible un aprovechamiento de los restos. La visión se convierte en el principal lazo con el mundo y en el principal canal de comunicación. 

Cuando no tienen otras deficiencias asociadas, los niños y las niñas sordos tienen una capacidad intelectual similar a la que poseen los oyentes, aunque su desarrollo cognitivo puede verse limitado, en algunos casos por sus dificultades lingüísticas, la regulación del comportamiento, los sentimientos de inseguridad y las dificultades en sus relaciones sociales, ocasionadas por el desconocimiento de las normas sociales, que son también una consecuencia de las limitaciones en el lenguaje. 

El contexto escolar puede contribuir a brindar buenas oportunidades educativas que potencien al máximo las capacidades de cada niño o niña sean éstas las que sean. No se trata tanto de integrar niños con discapacidades en un medio normalizado, cuanto más bien de concebir la escuela como un lugar donde tiene cabida la diversidad de niños y niñas que hay en nuestra sociedad. Ésta es la idea de escuela inclusiva, en las que todos y todas son alumnos de pleno derecho, sean cuales sean sus condiciones y circunstancias personales o sociofamiliares. Esto supone, evidentemente, admitir a los niños y niñas sin criterios discriminatorios o en todo caso, hacer una discriminación positiva, dando ventaja a aquellos que por sus condiciones precisan una educación infantil que compense en parte sus menores oportunidades. 

Existen una serie de factores que van a condicionar el desarrollo del alumnado con déficit auditivo. Éstos son: el grado de intensidad de la pérdida auditiva, la edad de comienzo de la sordera, el origen de la sordera (congénita o adquirida) y las actitudes de los padres y madres ante la sordera. 

Especial atención merecen aquellos niños y niñas que presentan necesidades educativas especiales, que deberían identificarse y valorarse lo más pronto posible. Es importante la detección y atención temprana de sus necesidades, por ello, maestros y educadores se coordinarán con otros profesionales, además de favorecer un ambiente especialmente afectivo. Se deberán utilizar con ellos los recursos más adecuados para favorecer su desarrollo, siempre prestando tanta atención a los resultados como a los procesos que los originan. 

En la escolarización del niño o la niña con sordera en Educación Infantil se debe establecer una continuidad entre la escuela y la atención temprana que en los tres primeros años de su vida ha recibido. Los profesionales de la orientación educativa y el profesorado especializado en audición y lenguaje adoptan medidas de apoyo a la familia, seguimiento y utilización de las prótesis auditivas y planifican la atención educativa especializada que, sobre el lenguaje, cada caso requiere. La intervención en estos años tiene gran importancia y determina de forma relevante el futuro del alumno o alumna, sus aprendizajes y sus posibilidades de integración social y laboral. 

Actuación educativa ante el alumno/a con déficit auditivo (En este caso describimos la actuación hipotética llevada a cabo para una niña con hipoacusia). 

La actuación seria la que a continuación detallo: 

- Concertar una cita con la familia para preguntarle: ¿qué clase de sordera tiene?, si utiliza alguna prótesis auditiva, ¿desde hace cuánto tiempo utiliza los aparatos? (ésto me indicó su nivel lingüístico), ¿qué metodología se ha utilizado en la educación de la niña? (lectura labial, estímulos visuales, estímulos táctiles…), ¿cómo se relaciona con otros niños?, etc. Todo lo que pude averiguar acerca de mi alumna me facilitó muchísimo la tarea. 

- Abordar el asunto con los demás compañeros para evitar la burla o el rechazo, siempre contestando a las preguntas que formularon con la verdad. 

- Realizar algunas adaptaciones para el alumno echando mano de recursos pedagógicos que le permitieron acceder al mismo currículo del niño oyente, ya que la finalidad de la escuela inclusiva es que los niños se integren en la sociedad. 

· La alumna me mira a la cara cuando hablábamos; así ve mi rostro. Esto se consigue sin obligarle; es la expresión, la mirada, la mímica corporal, los gestos faciales…, los que le llevaran a buscar mi rostro durante la comunicación. Si queremos dirigir su mirada orientando su cara con nuestra mano cada vez que quisiéramos hablarle, era muy probable que con el tiempo esta situación le resultara desagradable y que, a la larga, se producirá un bloqueo en la mirada. Esto no quiere decir que no podamos recurrir a tocarle en el cuerpo o incluso en la cara suavemente, cuando queramos indicarle que vamos a decir algo, lo mismo que a los niños oyentes les llamamos por su nombre para que nos atiendan. Dada la importancia de que la niña mire al rostro de su interlocutor (lectura labial), la situación ideal de comunicación es cuando nos mira de forma espontánea. 

· Nos situamos frente al rostro de la niña, no de lado ni ligeramente ladeado, con el fin de facilitar la lectura de los labios. La mejor situación es que nuestro rostro esté a la altura de sus ojos, por lo que el adulto debe adaptarse para conseguir este objetivo en los intercambios comunicativos. 

· Se debe hablar despacio, fundamentalmente para que pueda apreciar mejor el movimiento de los labios, pero sin que una excesiva lentitud dificulte la percepción de cada palabra como una totalidad, ni la secuencia de palabras. 

· La vocalización es clara pero sin exageración, ya que se puede llegar a deformar la articulación y el movimiento de los labios en el intento de facilitar la lectura labial. 

· No se debe usar una comunicación excesivamente reducida. Hay que emplear frases sencillas pero completas. No utilizar un estilo telegráfico; proporcionando a la niña modelos gramaticales sencillos, fundamentales para la construcción del lenguaje. 

· Darle a la niña todas las pistas posibles (gesticulación, mímica, etc.) que le ayudó a comprenderme y a conectar conmigo. 

· Animarla a que opinara, a que conteste preguntas y a que tenga una participación similar a la de sus compañeros. 

· Se deben sentar en primera fila y al lado de un compañero que tuviera buena letra, ya que así podía ir copiando lo que no aprendía por medio de la audición. 

· Observar si presentaba alguna dificultad en la identificación de alguna letra y si fuese así podérsela repetir. 

· Informar a los padres sobre los temas que se iban a tratar próximamente, ya sea por mes o por semana, para trabajarlos en casa con anticipación y que la niña llegara a clase con información. 

· Animarla a que se exprese cuando no entienda algo, ya que esto podría evitar problemas comunicativos y emocionales. 

· Proporcionarle un ordenador, ya que éste supone una ayuda importante para la educación de las personas con déficit auditivo.
 
Como conclusión personal, es conveniente señalar que los restos auditivos de que dispone un niño se convertirán en “verdaderas posibilidades auditivas”, y serán útiles siempre que sean adecuados. Será necesario “enseñar a oír al niño sordo” a través del entrenamiento auditivo y ayudarle a ser más consciente del medio sonoro en el que vive. 

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