miércoles, 16 de octubre de 2013

0473. Volver a oír, volver a sentir el sonido de la vida - Por: Marcos Lechet


Volver a oír, volver a sentir el sonido de la vida 
Por: Marcos Lechet


Volver a oír, volver a sentir el sonido de la vida. Aun hoy 18 años después de mi operación con implante coclear doy gracias a Dios por darme la oportunidad de que volviera a oír lo que solo podía sentir: el aire, las olas del mar, la lluvia en una tarde de otoño, la música, la voz de mi madre que aun recordaba y tenía guardado en un rincón dormido de mi cerebro.

De niño no podía comprender por qué algo tan natural se me había arrebatado de repente, por qué no podía ser como los demás niños, por qué no podía oír el sonido que brotaba de los labios de los demás chicos y no solo leerlos; quería poder cogerlo con las manos e introducir cada palabra en mis oídos y poder gritar: ¿ SABES? TE OIGO, SOY COMO TÚ. Pero no podía, se me escapaba entre los dedos, como intentar coger el aire con las manos.

A pesar de ser un niño de amplia sonrisa, mi mirada siempre fue triste, una lucha interna en la que me esforzaba por ser feliz a pesar de que no podía oír. Procuraba olvidarme del mundo leyendo libros de aventuras que me trasportaban a un mundo en el cual podía sentir todas las conversaciones, todos los diálogos y en el cual podía entender todo lo que decían, los oía, sí, a través de las descripciones podía oír y sentir. Yo no era sordo en ese instante, podía entenderlos aunque hablaran cinco personas a la vez… pero la vida no estaba en los libros.

Cada cumpleaños pedía un deseo, un deseo que guardaba para mí en silencio, un deseo imposible de cumplir. Quería volver a oír pero no para ser feliz, porque aprendí y comprendí que oír no es sinónimo de felicidad, sino para oír lo que solo podía percibir: preguntas sin respuesta, cómo suena la música que tanto te emociona, cómo suena la piedra tirada a un charco antes de producir la honda, cómo suena mi voz, ¿será ronca, dulce,…?, ¿y el chasquido de un beso dado con pasión? Preguntas sin respuesta, preguntas, preguntas,…Y dejé de preguntarme y me esforcé en ser feliz.”

Sentado en la arena, a la orilla del mar, cierro los ojos y comienzo a pensar. Pienso, como tantas veces he pensado, en la triste realidad de ser sordo y sentir el mundo callado. Pienso en cómo será el sonido del viento que yo siento en mi cara rozar y las gotas de lluvia al caer en los cristales, su golpear. Y mi voz, ¿cómo suena? Preguntas sin respuesta que es mejor olvidar. ¿ Sabes? lo que importa es ser feliz y el oír y escuchar… ¿qué mas da?

Y el tiempo fue pasando, la oscuridad sonora se fue disipando y salió el sol del sonido. La vida se transformó en color, aprendí que los sueños se cumplen y que no hay nada imposible bajo el sol.

Ahora, 18 años después, sé cómo suena mi voz, la voz de mi madre, la música, la lluvia en una tarde de otoño, la piedra tirada con fuerza en el agua, un beso dado con pasión y un beso dado con ternura mientras me dice…."papá, te quiero".
Marcos Lechet

3 comentarios:

Esteban dijo...

Super ejemplar!

Anónimo dijo...

Gracias por todo a cambio de tu esfuerzo espero que algún dia todo tu tiempo, trabajo...dedicado altruisamente alguien lo recompense.

Marcos dijo...

Gracias amigos

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