lunes, 28 de julio de 2014

0580. Reflexión - Por: Marcos Lechet


 REFLEXIÓN
Por: Marcos Lechet 
Hace unos meses me pasé por el hospital para la programación de mi IC; en la sala de espera estaba un matrimonio de unos cincuenta años, el esposo ojeaba una revista mientras su esposa tenía la mirada triste y ausente, me dirigí a ella con el propósito de iniciar una conversación que hiciera más corta la espera. No me contestó, solo me ofreció una amarga sonrisa y me di cuenta de que no me oyó.

Antes de que pudiera volver a repetirlo más despacio para que me entendiera, el esposo le acercó la boca a la oreja y le repitió la pregunta a gritos que resonó por toda la sala, me acerqué y le dije: señor así menos le va a entender, mírele de frente y háblele despacio; aunque supe que esa reacción es fruto del desconocimiento no pude evitar que me doliera personalmente por ver el desconcierto en la cara de su esposa y porque he tenido experiencias como esa, que me avergüenzan, que me hacen sentirme mal, pues esos gritos llama la atención de la gente y yo seguía sin enterarme, como efectivamente ocurrió con esta señora.

Me explicó que su esposa recién había perdido la audición en un accidente, que había caído en una profunda depresión y que le hablaron de la posibilidad de "volver a oír " con un IC.

Me dirigí a ella, despacio con la lectura labial, le conté lo que el IC había hecho en mí, sordo profundo desde los cinco años, le conté todo el proceso y que como yo había más de 10.000 personas en España y cada vez somos más.

Nos despedimos con un beso y noté que su mirada y su sonrisa era un poco menos amarga.

Generalmente cuando hablamos de implantes cocleares, solemos pensar en bebés y niños, los medios de comunicación y los canales de videos nos presentan cada vez más grabaciones muy emotivas de bebés y niños durante el proceso de "volver a oír". Es totalmente lógico porque nuestros niños se abren al mundo de los sonidos, al aprendizaje de la lengua oral y a una vida más normalizada.

Pero no debemos de olvidar a los adultos sordos o que se han quedado sordos por accidente o cualquier otra circunstancia y que con valentía deciden pasar por un quirófano para poder "volver a oír" aunque sea un poco.

Vaya para ellos el testimonio de mi admiración por su lucha personal de no darse nunca por vencidos y tratar de ganarle "la guerra al silencio".

Marcos Lechet

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