miércoles, 11 de marzo de 2015

0619. Testimonio: Laura, que nació con una hipoacusia severa, toca desde pequeña el piano y la guitarra y estudia Derecho y Business Law en una de las Universidades más prestigiosas de Madrid.

Laura, que nació con una hipoacusia severa, toca desde pequeña el piano y la guitarra y estudia Derecho y Business Law en una de las Universidades más prestigiosas de Madrid.


"La vida te pone obstáculos pero las limitaciones solo te las pones tú, con trabajo y optimismo puedes conseguir lo que te propongas"
Laura fue una de las primeras niñas en España que recibió implantes cocleares bilaterales. Ahora, con 18 años, estudia Derecho e irradia optimismo cada vez que habla.
Por: Beatriz G. Portalatín - Madrid
Actualizado: 25/02/2015
http://www.elmundo.es/

Laura tiene 18 años, estudia Derecho y Business Law en una de las Universidades más prestigiosas de Madrid, y toca desde pequeña el piano y la guitarra. Como a cualquier chica de su edad le gusta el cine, la música, el deporte y salir con sus amigos. Irradia vitalidad y optimismo cada vez que habla pero, también, cada vez que escucha. Es sorda en algunos momentos del día, sólo cuando se quita los procesadores de palabra de los implantes cocleares que lleva en sus orejas. A alguien que no esté familiarizado con el implante le parecerían dos audífonos. "La vida te pone obstáculos pero las limitaciones solo te las pones tú, con trabajo y optimismo puedes conseguir lo que te propongas", confiesa Laura a este periódico en una amena conversación en el salón de su casa.

Tanto ella como sus padres, Fernando y Yolanda, reconocen que ha tenido mucha suerte. Laura es una afortunada, fue una de las primeras niñas en España en recibir implantes cocleares: el primero, a los 22 meses, en su oído izquierdo y el segundo, a los seis años, en el derecho.

Sin embargo, dentro de esa suerte, hay muchos factores que han sumado para que Laura haya sido una chica sin complejos y con una vida totalmente normal. E incluso reconoce que le gusta ser sorda. A veces, dice, tiene muchas ventajas: "El silencio es maravilloso, muchas veces me quito los procesadores y no oigo absolutamente nada. Así, me evado del mundo".
 
No se sabía apenas nada de la técnica
 
Laura nació con una hipoacusia severo-profunda en ambos oídos, pero "no nos dimos cuenta de ello hasta que tenía un año, ya que nació con la capacidad innata de leer los labios". Tal como explica su padre, es una habilidad que tienen determinadas personas y no tiene nada que ver con la sordera ya que hay sordos a los que les cuesta leer los labios y normoyentes que tienen esa capacidad.

"Cuando nos confirmaron el diagnóstico, no sabíamos qué hacer. Nunca habíamos tenido antecedentes de sordera en la familia y era un mundo totalmente desconocido para nosotros. Quisimos de todas formas acudir a otro médico para pedir una segunda opinión". En aquel momento, hace 17 años -Laura tenía un año- el médico que había emitido el diagnóstico, y que pertenecía a una de las clínicas más afamadas de Madrid, les dijo: "Cuidado con dónde vais a ir a pedir una segunda opinión porque en algunos sitios los niños salen directamente implantados". Entonces, la técnica era poco conocida y muchos médicos y logopedas pensaban que era una locura implantar a niños tan pequeños.

A pesar de todo, y por recomendación de unos amigos, fueron a Pamplona, a la Clínica Universidad de Navarra (CUN) y el doctor Manuel Manrique, uno de los pioneros de esta técnica en España, después de realizar todas las pruebas pertinentes consideró que Laura era una niña apta para poder llevar un implante. A los 22 meses, recibió su primer implante coclear pero antes, tal como el protocolo de la época exigía, tuvo que llevar seis meses audífonos. Y a los seis años recibió el segundo. Para el segundo implante, hubo ciertas dudas. "En aquel momento incluso en Pamplona, pensaban en implantar sólo un oído y dejar el otro sin tocarlo quirúrgicamente, por si surgía después cualquier otra fórmula mejor que el implante. Cuando llegaron al convencimiento de que las líneas de investigación alternativas tardarían muchos años en proporcionar resultados, apostaron por implantar también en el otro oído. "No había riesgos quirúrgicos y se sabía que implicaría un avance, pero se desconocía el grado de mejora que podía tener", explica el padre de Laura. La CUN supera en la actualidad, los 1.000 implantes cocleares para tratar la sordera a sus pacientes.

Desde entonces, la cosa ha cambiado un mundo. Hoy, y según datos registrados, cerca de 10.500 personas son usuarias de implante coclear en nuestro país, un 21,9% de ellos niños. Hoy 25 de febrero se celebra el Día Internacional del implante coclear- en España cumple 30 años- y uno de los objetivos es concienciar a la sociedad sobre la necesidad de hacer accesible este dispositivo al mayor número de candidatos posible. Según datos oficiales de la Encuesta sobre Discapacidades, Autonomía personal y situaciones de Dependencia- EDAD 2008, hay cerca de 1.064.000 de personas con algún tipo de discapacidad auditiva, un 2,3% de la población total. Por su parte, en la población infantil, se calcula que cerca de 2.000 niños al año nacen con algún trastorno auditivo. En torno a un 40% de la población infantil con sordera severa y profunda es potencial candidata a tratarse con implante coclear.
 
El trabajo logopédico, imprescindible

El implante es una ayuda, pero no lo hace todo. El trabajo logopédico es imprescindible para poder adquirir un lenguaje totalmente normal. Laura, al igual que muchas de las personas con sordera, tiene dañada las cócleas. Así que su función la suple el implante, con limitaciones.

"El implante facilita únicamente una fracción de la información auditiva que nos proporciona el oído humano. Laura tenía una herramienta que proporciona mucha menos información que un oído humano, por lo que tuvimos que volcarnos en alcanzar el objetivo: que aprendiera primero a escuchar, luego a diferenciar el ruido del sonido, luego a identificar la voz humana de entre los sonidos, luego a entenderla y, por fin, a hablar. Fue una carrera contrarreloj: la plasticidad cerebral que permite aprender un idioma -incluso el propio- de manera natural, es decir, sin hacerlo de una manera pautada y consciente, termina hacia los cuatro o cinco años", explica Fernando.

Laura fue a clase de logopedia desde el año y medio, antes incluso de ser implantada, hasta aproximadamente los seis años con Carmen Abascal, una logopeda y psicóloga infantil que se había formado en los EEUU con niños implantados. Su madre estaba con ella en las clases para así poder tomar nota de las instrucciones del trabajo que Laura tendría que hacer en casa. "Yo me pasaba con ella hablando todo el día y al llegar la noche, a veces, me quedaba hasta sin voz. Mi marido practicaba con ella los fines de semana. Fue una tarea agotadora pero es lo mejor que he hecho en mi vida", reconoce Yolanda. De este modo, Laura a los seis años consiguió tener el mismo lenguaje que cualquier otro niño de esa edad. "Es fundamental que la implicación sea del 100%, las 24 horas al día", insisten.

Lo mismo pasó en el colegio. Una vez más, cuentan sus padres, quisimos superar retos y escolarizarla en un centro "normal", cuando por aquella época todos los niños con deficiencias auditivas iban a centros de integración. En el colegio Montealto de Madrid nos dijeron que el centro no se adaptaría a ella pero que harían todo lo posible para que la niña se adaptara al colegio de la mejor forma posible. Y así fue. La única diferencia con respecto a sus compañeras de clase era que Laura se tenía que sentar en primera fila para así poder seguir mejor las clases. Lo único.

Antes de los seis años- cuando Laura estaba en pleno proceso de rehabilitación auditiva- la ayuda de los profesores fue fundamental. La profesora al terminar las clases apuntaba a Laura en un cuaderno lo que iban a hacer el día siguiente, para que así Yolanda durante la tarde enseñase a Laura todo el vocabulario que iban a utilizar. Por ejemplo si iban a hablar sobre el otoño, Laura aprendería el día anterior todas las palabras referente al otoño. "Es un trabajo en equipo", asegura Fernando. Laura no sólo tuvo un rendimiento normal en el colegio sino que sus notas fueron brillantes: sacó más de un nueve de media en el Bachillerato, un 12 sobre 14 en la prueba de Selectividad y después superó el proceso competitivo para adjudicar una de las 60 plazas ofertadas el año pasado para iniciar los estudios de Derecho y Business Law en una de las mejores Universidades de Madrid. Para los idiomas tampoco hubo límites. Laura estudió tres años de alemán y ahora se prepara para obtener el Advanced Certificate de inglés.

Hace 17 años, el mismo médico que les advirtió "contra aquellos centros donde uno va a preguntar y sale implantado", les dijo también: "No se preocupen ustedes porque su hija sea sorda, hoy en día el sordo ya no es el tonto del pueblo. Pero eso sí, olvídense de que su hija haga una carrera universitaria, eso es ciencia ficción". Hoy todo eso es una mera anécdota para contar. Por ello, tanto Yolanda como Fernando no dudan ni un minuto en aconsejar cuatro cosas fundamentales a los padres de niños con sordera: un diagnóstico precoz, un implante temprano, rodearse de buenos profesionales y la implicación al 100% de toda la familia en la rehabilitación logopédica.

Laura no deja de agradecer a sus amigas, al colegio y sobre todo a sus padres el apoyo en todos estos años: "He conseguido muchas cosas a pesar de mis limitaciones. En un futuro, además de terminar mi carrera, quiero estudiar un Máster de Lengua de Señas para poder ayudar a otras personas que no han tenido la misma suerte que yo". Después de todo lo andado y lo vivido, su filosofía de vida clara y contundente: "Haz de tu diferencia una virtud".

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