domingo, 22 de marzo de 2015

0620. Hazte sordo por un rato

 
Hazte sordo por un rato
19 de marzo de 2015

Basta con imaginarse a sí mismo sin capacidad de oír. Todo se volvería una pequeña (o gran) odisea. Desde comprar el pan a cruzar la calle. Desde efectuar una reclamación por la factura de la luz a acudir a una tutoría sobre el rendimiento académico de un hijo. Desde llamar por teléfono a llenar el depósito de gasolina. Cualquier acto cotidiano y rutinario se convertiría en una hazaña. Así de complicado es el día a día al que se enfrentan las personas con discapacidad auditiva. Y nosotros hemos querido comprobarlo en primera persona.

A finales de los años sesenta y en la década de los setenta, el periodista y escritor alemán Günter Walraff popularizó una nueva forma de hacer periodismo: el reportero crea una identidad ficticia para poder relatar sus experiencias en aquello que investiga. Su obra más famosa, 'Cabeza de turco', narra sus desventuras laborales con el nombre fingido de Levent Sigirlioglu. En España, un periodista que responde al seudónimo de Antonio Salas ha seguido este método para escribir sobre nazis, traficantes de seres humanos y bandas terroristas.

De lo que no cabe duda es que la empatía, o capacidad de percibir lo que otro individuo puede sentir, no sirve para explicar muchas situaciones de los demás. Hay que ponerse en su piel, aunque sea por un rato. Es la enseñanza que nos han dejado Walraff o Salas para acercarse a los hechos.

Por eso decidimos aproximarnos, en un pequeño ejercicio de muestra, cómo se sienten las personas con discapacidad auditiva.

Marzo. Viernes 13. La fecha no me asusta porque la superstición da mala suerte. Madrid lucha por abrir su cielo a la primavera Acudo a la sede de "CLAVE. Atención a la deficiencia auditiva". Se trata de la versión española de la entidad benéfica británica "CLAVE. Caring for Hearing Impairment". Estamos en la calle Santísima Trinidad, 33, en pleno barrio de Chamberí.

Pronto me convierto en conejillo de indias. Los auriculares del mp3 que llevaré durante el experimento emiten ruido blanco, con el objetivo de dificultar mis capacidades auditivas. Técnicamente el ruido blanco consiste en una señal aleatoria con unos valores de señal en dos tiempos diferentes que no guardan correlación estadística. Es decir, una señal con todas las frecuencias y con la misma potencia. Quizá se explica mejor si se refiere que es el sonido que escuchamos en la señal residual de la televisión cuando no están sintonizados los canales, la que atrapa a Caroline en la inquietante película 'Poltergeist'. Aunque algunos "expertos" explican que es un sonido que algunos utilizan para relajarse, que puede emplearse para que los bebés concilien el sueño, como fondo en el ambiente de trabajo o para mejorar el estado de ánimo, doy fe que en principio recuerda a las olas rompiendo contra el espigón, pero que tras unos momentos se convierte en algo perturbador.

Todo comenzó (o erase una vez, como empiezan los cuentos) otro viernes. Carmen Abascal, directora de CLAVE, ofrecía una charla titulada "Hazte sordo por un rato". Era un taller abierto con el propósito de mostrar a los participantes qué se siente cuando se padecen problemas de audición. Y qué hay que hacer para mejorar la integración de estas personas en la sociedad. Lo primero es comprender la realidad de la sordera y adecuar los hábitos para mejorar la comunicación.

Allí conocí por primera vez esos mp3 con ruido blanco. Entonces comprobé, de manera preliminar, las dificultades de comunicación y comprensión que surgían y como tenía que apoyarme en otros sentidos, la vista principalmente, para tratar de desentrañar lo que me decían. Fue la primera lección: cuando mantenemos un diálogo con una personas con discapacidad auditiva hay que favorecer el contacto visual, el cara a cara.

En esta ocasión me acompaña Carlos, trabajador de la asociación que lleva un implante coclear. Caminamos y charlamos. Mejor dicho, intentamos hablar, porque yo apenas le entiendo. Me esfuerzo mucho en mirarle a los labios o interpretar sus gestos. Si pone la mano delante de la boca un momento pierdo el hilo.

Me siento como flotando. Cruzo las calles con miedo. Es como si perdiera reflejos en el resto de los sentidos. No me fío de mi vista y ahora no puedo captar el ruido de un frenazo o el claxon de un coche. Me apoyo mucho en Carlos.

Carlos se para sorprendido porque ha visto a una chica a la que conoce. Hablan animosamente. Sé que él le comenta a ella algo sobre mí. Pero no me entero. No sé si son amigos, parientes o si ella también sufre discapacidad auditiva. Cuando se despiden Carlos me explica que fueron compañeros en un Máster. Me pregunta si me he enterado de algo de la conversación. Solo palabras sueltas, como Miami.

Propone mi guía, mi lazarillo particular, que vayamos caminando hasta el Café Comercial. Y hacia allí nos encaminamos. Apenas distingo el sonido de los "pajaritos pío pío" que indican a las personas con discapacidad visual que pueden cruzar la carretera porque el semáforo para ellos está verde.

Decido mirar el móvil. Tengo una llamada perdida. Pruebo a contactar. Alguien al otro lado me contesta, pero no sé si es un contestador, la centralita o algún comercial. Lo único que acierto a comprender es que se trataba de Movistar.

Pasamos delante de una oficina de seguros. Carlos me reta a que intente pedir información. Me rindo. Estoy convencido de que no me voy a enterar de nada. Para comprobar la capacidad de maniobra pregunto a una señora dónde se halla el Café Comercial. Capto lo que me quiere decir más por los gestos que por sus palabras. Mi acompañante me pide que piense a lo que tienen que enfrentarse en una entrevista de trabajo.

Llegamos al Comercial, refugio de escritores, escenario de primeras citas, un café de los de antes casi siempre abarrotado. Pido yo las consumiciones. La camarera me mira raro. Coca Cola Cero para mí y café y pincho de tortilla para Carlos. Tengo la sensación de ser como un extranjero que apenas se desenvuelve con el idioma del país. Al menos no escucho las conversaciones de las mesas de al lado. Exigua ventaja ante un aluvión de dificultades.

Salimos de la cafetería. En un momento pierdo de vista a Carlos y me agobio. Cuando doy con él me pregunta si tengo la sensación de estar hablando normal. ¿Por qué? Me explica que no he parado de gritar desde el momento que me puse los auriculares. Ahora entiendo por qué la gente me miraba por la calle. Al llegar de nuevo a la sede de la asociación constato que me encuentro bastante cansado. Me explican que he tenido que hacer un gran esfuerzo de concentración para paliar mis dificultades auditivas. "Esto es lo que nos pasa a todos cuando salimos fuera de casa", explica Carlos.

Me despido de Carmen y de Carlos. Estoy preocupado por si se me ha pasado la hora del ticket de aparcamiento. Allí estaba el encargado apuntando algo en su libreta. Le conté que ya me iba y me dijo que no me preocupara. Que aún no había cursado la multa. Me imagino por un momento que hubiera seguido siendo sordo. La multa me la hubiera comido.



Sede de la Fundación OÍR es CLAVE

 

Más de un millón de sordos en España
 
Los datos oficiales son fríos, pero reflejan la realidad. La última estadística sobre el número de personas con discapacidad auditiva en España es de la Encuesta del INE del año 2000. La cifra ronda el millón de afectados, pero estudios posteriores indican que los hombres y mujeres con problemas de audición es todavía mayor.

La sordera es una discapacidad no tan evidente como otras. Se trata de un colectivo muchas veces invisible para la sociedad. Investigaciones en países del mundo, que pueden ser extrapolables a España, dicen que el 1% de los recién nacidos presentan sordera profunda, y el 5% padece problemas de audición. Además, el 16,1% de la población sufre pérdida auditiva en las frecuencias altas mientras que dos tercios de los mayores de 70 años tienen problemas para oír.

A la limitación física hay que añadir las barreras económicas, como la no generalización de las ayudas a los audífonos. Otra de las reivindicaciones de las familias afectadas corresponde a los implantes. En nuestro país, el implante coclear está incluido en los servicios de la Seguridad Social, aunque no se garantiza el segundo implante, ni en la práctica se costea el mantenimiento de los componentes externos y la sustitución de procesadores de más de 7 años en todas las comunidades autónomas.

Las soluciones pasan por la implantación de ayudas económicas para la adquisición de audífonos a cualquier edad y por la implantación bilateral y el acceso a nuevos procesadores y accesorios cuando sea necesario. Los altos precios de la renovación de audífonos y procesadores de implantes, y del mantenimiento de los componentes externos de los implantes (cables, antenas, baterías, reparaciones) añaden una carga a aquellas familias que no disponen de los recursos pertinentes, y por tanto repercute en la calidad de vida de las personas con problemas de audición.

Otro hándicap de las personas con discapacidad auditiva es el acceso al empleo. En este grupo el paro afecta a más del 50%, lo que puede interpretarse como discriminación sociolaboral. El primer obstáculo al que deben enfrentarse es la información que se debe incluir cuando se envía un currículum. Contar expresamente o no la discapacidad auditiva en el mismo enciende el debate entre aquellos con problemas de audición: ¿Si lo pongo me excluyen o me beneficia porque lo tienen en cuenta debido a los beneficios fiscales que percibe la empresa? ¿Qué imagen tiene el empresario de las personas sordas?

Una vez salvada esta cuestión aparece el segundo obstáculo: la entrevista, y más si es telefónica. Esta puede ser un problema irresoluble, no solo para los usuarios de la lengua de signos, sino también para los que aún teniendo buena comunicación oral no pueden hablar por teléfono o solo lo hacen con personas conocidas.

Existe una idea equivocada de que un trabajador de este colectivo tiene una formación limitada. Por un lado se halla un pequeño grupo de personas que se comunican con la lengua de signos y por otro, un grupo numeroso de personas con distintos grados de audición que usan la lengua oral. En ambos grupos hay desde trabajadores sin cualificación profesional a universitarios con puestos relevantes.

Una vez que se consigue el trabajo no desaparecen los problemas. Las empresas no conocen la dificultad de las personas con discapacidad auditiva para comunicarse, para hablar por teléfono o cuando hay mucho ruido de fondo.

Entre las medidas que se pueden tomar figuran una buena iluminación que facilite la lectura labial, la disposición de los muebles en función del tipo de trabajo, la utilización de mesas de reunión redondas u ovaladas para que se mantenga el contacto visual con los participantes en las reuniones, el acondicionamiento acústico de los espacios para que se absorba el sonido y se elimine la reverberación. También resulta positivo realizar adaptaciones para que trabajador ejerza sus funciones: ayudas técnicas para el teléfono, para la comunicación (bucle magnético en el puesto de trabajo, bucle portátil para reuniones o sistemas de Frecuencia Modulada, servicios para los usuarios de LSE) y avisadores y alarmas.

http://www.que.es/

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