lunes, 15 de agosto de 2016

0740. Reflexión: Dedicado a padres con un niño con discapacidad



Dedicado a padres con un niño con discapacidad

Cuando cae la lluvia, lo hace para todos. Para los que quieren mojarse, para los que se refugian bajo un paraguas, incluso llueve para los que temen a la lluvia y no pueden cobijarse...

Cuando te comunican que tu hijo tiene una discapacidad, cuando alguien que no conoces es capaz de desmoronar tus ilusiones y tus esperanzas, cuando descubres que todos los sueños caen sobre tí como estrellas fugaces, cuando tomas conciencia de que al salir de esa habitación nada será como antes, empieza a caer un fina lluvia sobre tí.

Es una lluvia débil, casi imperceptible, pero que te cala hasta los huesos. Y como no quieres pensar en refugiarte, no abres tu paraguas. Ni te paras en un portal para esperar a que escampe. No quieres sentirte segura. No puedes pedir ayuda. En el fondo sólo pides en silencio que pare de llover.

Poco a poco la lluvia se hace más intensa. Te moja desde dentro hacia afuera. Y cierras los ojos. En medio de la calle. Y ves a la gente correr, abrir sus paraguas, o a algún niño saltando en los charcos. Pero tú estás ahí, parada, sin poder reaccionar.

Hasta que miras al cielo, y como si la vida te enviase un mensaje cifrado sólo para tí, aparece entre las nubes un tímido arco iris.

Y despiertas, y corres. Te refugias en una cafetería. Y trás una taza de café, tu lluvia cesa poco a poco. Y todavía con el cabello húmedo, escribes en un papel:

"Hola hijo mío.
Hoy me han dado la noticia. Puede que nunca puedas leer esto. Puede que nunca te vea manejar una bicicleta o un coche.
Durante un momento he tenido miedo, he sentido rabia, me he enfurecido con el mundo. Y contigo un poquito también. Porque te quiero tanto, que siento que a partir de ahora tengo que empezar de nuevo. Pero estoy aquí, secándome la lluvia que cayó sobre mi corazón, y dispuesta a salir a la calle y enfrentar mi nueva vida.
Soy tu madre, y tú, un trocito de mi alma, de mi cuerpo, de mi esencia. Jamás te abandonaré. Lucharé cada día para que la lluvia nos pida permiso antes de caer. Para regalarte el paraguas más precioso, más grande, más seguro, por si la lluvia no nos hace caso.
Y voy a enseñarte a saltar en los charcos, aunque sea con la mirada. Aunque no saltemos juntos, encontraremos la manera de sonreír a la tormenta más intensa.
Hoy me han dado la noticia. De que tengo una misión importante. Hoy he descubierto que la lluvia moja a todos por igual.
Y que si no puedes evitarla, hay que sonreír y bailar con los brazos abiertos. Mirando al cielo."

Yo, madre de un hijo con discapacidad, ya no temo a la lluvia...
Mi hijo me enseñó a imaginar cielos azules...
Desconozco su autor

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