jueves, 28 de febrero de 2019

0845. Testimonio: Mary Hamilton Rodríguez - España


Testimonio
Mary Hamilton Rodríguez

Me llamo Mª Anunciación Hamilton Rodríguez y tengo hipoacusia bilateral aguda por causa de los Antibióticos (para los expertos soy prácticamente sorda, el habla está por encima de mi capacidad auditiva). Para que entiendan les contaré un poco como ha sido mi vida antes de que me pusieron el IMPLANTE COCLEAR.
 
Hace ya muchos años, mi vida dio un giro positivo, en 2007 me pusieron el implante en el oído derecho, estuve con logopedas por año y medio, porque he sido sorda durante muchísimos años. Para muchos demasiado, yo prefiero no estar pensando que hubiera sido de mi vida, si me hubiera implantado antes, creo que llegó cuando tenia que llegar, cuando me sentía preparada para recibirlo y asimilarlo positivamente y al 100%. Soy una persona que ha ido superando todas las metas de su vida, pero poco a poco. Para hacerlo más interesante al mismo tiempo que hablo de mi pasado, explicaré el cambio que ha significado el implante para mi. 
 
Tengo 3 hermanos, la mayor oye perfectamente, a continuación vengo yo y luego otro hermano que también es hipoacusio y en 2008 le pusieron los implantes cocleares en ambos oídos a la vez, por ese motivo yo al año siguiente, o sea, en el 2009 me puse el implante en el oído izquierdo, para estar como él, jeje. A los dos nos operaron de la garganta cuando éramos unos niños, pero antes nos pusieron un tratamiento que nos ha provocado la perdida progresiva de la audición. 
 
En los años de mi etapa escolar no existían los apoyos pedagógicos, ni logopedas que atendieran mis dificultades académicas, por lo cual nunca me sentí integrada. En desigualdad de condiciones con los demás compañeros de clase, sin ninguna ayuda extra, tenía que aprender todas las asignaturas, algunas de las cuales me amargaron la vida escolar. Es el caso del lenguaje (donde tenía muchas faltas de ortografía, aunque eran más por no entender bien lo oído, confundía las palabras) e inglés, con dictados imposibles de entender y menos aún transcribir correctamente lo que creía que oía. Mi familia me pagó logopedas y profesores particulares que me ayudaban a seguir las clases. La logopeda, me tuvo que explicar las palabras más básicas, las que se aprenden oyendo, en esa etapa mi vocabulario era mínimo, más adelante me fiaba más, (cuando aprendí a leer claro), de lo que leía que de lo que podía entender oyendo. Fueron unos años de lucha continua de mis padres, sobre todo de mi madre, para que vocalizara y hablara mejor, para que me relacionara con la gente, estaba muy pegada a ella, apenas salía de casa y no entraba en las conversaciones a pesar de su insistencia, me pasaba los horas libres estudiando, pintando, leyendo cuentos, viendo la tele y apartando todo lo que me implicaba tener que oír.
 
Con mi madre hice de niña, una visita a un colegio o asociación de sordos y claro la impresión fue fortísima; soy sorda para los oyentes, pero una privilegiada para los sordos profundos y en esa época no diferenciaban, por lo que allí también me encontraba fuera de lugar, no sabia el lenguaje de señas y no me interesaba aprenderlos. Vivía en un mundo de oyentes y no le veía ninguna utilidad. Tampoco me animaron y estimularon para aprendiera a leer los labios porque decían que no me iba a ayudar, que me perjudicaría. Supongo que leo algo, puesto que si me hablan de frente entiendo más que si me lo dicen de espalda que no capto nada. En esto el implante ha sido una superación para mi, el oír a la gente sin verle la cara, en entender de espalda es algo que todavía no lo he logrado asimilar, me parece tan increíble. Necesito tiempo para superar ese temor a no entender si no les veo de frente. 
 
Desde pequeña siempre lo supe y nunca lo cambie, quería ser veterinaria (con los animales siempre me habían entendido sin tener que prestarle atención y escucharlos) pero tenía que ir fuera y tuve la gran suerte que mis padres no se opusieron, consideraron que irme fuera era de gran ayuda, para superarme y madurar. El segundo año fue mucho más duro y fuerte, el primero era la novedad y por eso lo lleve mejor, ya que me di cuenta que era diferente, que no me podía comunicar con mi familia por teléfono (aunque hablaba con mi madre mucho, era yo la que no paraba, ya que a ella no la entendía bien) y estaba muy sola, dependía de los compañeros para los apuntes e iba a clase y volvía muchas veces sin haberme enterado de algo, iba para descubrir quien asistía y pedirle al salir los apuntes para copiarlos, y que los profesores me conocieran y poder ir a preguntarle a otras horas que no fueran tutorías. 
 
A pesar de todas las dificultades fui sacando la carrera porque siempre tuve el apoyo incondicional de mi familia, y las ganas de sacarlas. En concreto tardé 10 años y aprobaba más o menos de 3 en 3, pero pensaba “asignatura quitada era una menos para acabar” y me animaba.
 
Durante la carrera hice Prácticas, siempre que podía los veranos en una Clínica veterinaria en mi isla, porque como no sabia las demás salidas, creía que era la mejor, en concreto me pasé 8 veranos en la clínica, pero no estaba a gusto en ella, me sentía muy estresada y ansiosa, muchas veces volvía a casa sin haberme enterado de algo. No puedo atender el teléfono y por lo tanto tampoco me podía quedar de guardia ya que me cuesta mucho entender a la gente, siempre al ir iba con la angustia de si hoy me enteraría de algo o no.
 
Cuando acabe la carrera sentía la necesidad de poder comunicarme mejor con la gente y busque ayuda para aprender a leer los labios, así fue como entre en FUNCASOR, que me puso en contacto con la Clínica Baraja donde me hice pruebas para ponerme otros audífonos que aunque los probé durante un año, los especialista de la clínica me explicaron que no eran para mi, que lo que necesitaba era el implante coclear. Me costó otros dos años, uno probando los audífonos y otro para asimilar mi total sordera ante de decidirme a operar. 
 
Las oposiciones que aprobé durante ese tiempo son del grupo A, soy técnico inspector de Salud pública veterinarios asistencial y se dedican a inspeccionar los establecimientos de alimentación (carnicerías, pescaderías, restaurantes, colegios incluidos para comprobar el cumplimiento de la Ley, de higiene alimentaria y en caso de que hubiera una intoxicación a causa de un alimento, como puede ser un brote de salmonelosis, somos nosotros los veterinarios los que vamos a los establecimientos sospechosos para averiguar su origen). Me llevé una sorpresa, no guardaban plazas para minusválidos y al aprobar sólo conseguí plaza como funcionario interino. Pero me volví a presentar cuando volvieron a salir, ya tenía los dos implantes puesto, y esta vez sí pusieron plazas, cumpliendo con la Ley y fue la que yo saqué.
 
El IMPLANTE me han abierto otro mundo, para mi fascinante, el de la comunicación oyendo sin recurrir al lenguaje escrito, durante muchos años todo el mundo me tenia que escribir si quería comunicarse fluidamente conmigo. Ahora ya me puedo quedar en una conversación familiar, sin tener que pedir que lo escriban, todavía me tienen que repetir las cosas pero con la seguridad de que ya no tengo que pedir que la pasen a un papel. 
 
Gracias a los implantes he comprendido que mi sordera era profunda desde hace más de 10 años. No era consciente, sabía que no entendía, pero como creía que oía no aceptaba que era totalmente sorda. Voy a contarles tal como lo entiendo yo, al no nacer sorda e ir perdiendo el oído lentamente mantuve siempre la memoria auditiva de mi voz, por eso aunque no entendía a los demás tenía la sensación de que les oía, igual que me “oía” a mi. 
 
La REHABILITACIÓN sin un profesional creo que es imposible, hasta una persona que se ha quedado sorda hace poco, necesita una pequeña orientación para reconocer los sonidos a través del implante, es mucho más corta que la que necesitan personas como yo claro, pero es fundamental para localizar, entender y asimilar los sonidos que no se ven, en el momento que los oyes. Hay ruidos como un coche, moto, sirena de ambulancia o avión, que se captan rápidamente porque al mismo tiempo que los oyes los ve pasar, la complicación es en los otros sonidos que oyes pero no logras localizar sin la ayuda de otra persona, en mi caso los sonidos más agudos caída de cristales, canto de pájaros, silbidos etc.
 
Actualmente con los dos implantes entiendo bastante televisión sin embargo me siguen ayudando los subtítulos. Y por supuesto la radio es otro tema que cada vez entiendo mejor. Pero no he logrado hablar por teléfono, también necesito tiempo para asimilarlos y soy consciente que pueda que no lo consiga, por ahora prefiero no preocuparme al respecto, siempre he ido poco a poco y si llega bien, sino no pasa nada llevo tantos años sin poderlo hacer. 
 
Incluso ahora con los implantes la música no me crea emociones a no ser que la sienta con las vibraciones y el tacto, para mi todavía son un conjunto de ruidos, tengo que prestar atención para diferenciar la melodía y solo tengo el recuerdo auditivo de las canciones infantiles. Por eso cuando empecé con el implante pasaba totalmente de la música me interesaba, me fascinaba y necesitaba más concentrarme en entender las palabras, la gente y comunicarme oyendo que ponerme a oír música. Hasta que la logopeda de rehabilitación me llamó la atención ahora pongo la radio en el coche al menos para ir asimilando la música. 
 
Es una experiencia tan fantástica el poder entender a la gente, ya me puedo parar a hablar con alguien en la calle sin tener que llevar una hoja y un bolígrafo. La primera vez que entendí a un extraño preguntándome por una calle casi se me salen las lágrimas de emoción. Hasta me ha ayudado a entender la lectura labial, gracias al implante me resulta más fácil y utilizarla como una herramienta más a mi favor.
 
Empezar a entender a mis sobrinos, es otra gran emoción para mí, sin implante hablar con los niños lo veía como misión imposible y ellos con los años había aprendido a buscar forma de comunicarse conmigo a través de gestos, y la mayor imitando a los adultos a través de la escritura, ahora soy yo quien les recuerdo que puedo ir entendiéndolos si me ayudan hablando más despacito y así lo hacen. 
 
Otro punto nuevo para mi son los sonidos por supuesto, con el implante es diferente me sonaba mecánico al principio, pero ya ni me doy cuenta. Uf no reconocía ni mi voz, tenía la sensación que hablaba a través de un altavoz o micrófono. 
 
Son tantos y tan variados, los que más me cuestan son los agudos que fueron los primeros que perdí y los que más olvidados están en mi cabeza, Al principio mi cerebro ni los “oía” sin ayuda no era consciente de esos sonidos, alguien tenia que avisarme por eso es tan importante el apoyo de los familiares, amigos y demás. El problema es que ellos no se paran a escuchar esos sonidos tan habituales y por eso es necesaria la ayuda de un profesional que entienda por lo que estamos pasando y sepan como orientar y estimular.

No hay comentarios:

Publicar un comentario